Hace tiempo que la costumbre de tu ausencia ha dejado de pintar mis días.
Ya ni es costumbre, ni es ausencia.
Ha pasado a formar parte de aquello que cristalizado en rutina, se clava en el pensamiento como agujas en retales de costura, dando forma a una imagen, a un dibujo, a algo que inerte, será observado con la distancia que hay entre el hoy y el mañana.
Abismal e imaginada.
Hace tiempo que miro el paisaje que dejamos, el escenario donde nos quisimos, y veo las sombras de lo que fuimos.
Sombras que sigilosas se mueven en la oscuridad del que apagó de golpe la luz de su destino, y se marchó deprisa, persiguiendo el vaticinio de un final, de una muerte, que anunciada o no, ponía un punto y final en mis días.
Hace tiempo que siento esas sombras, sombras que tienen, pese a todo, un brillo de esperanza en cada gesto.
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sábado, 9 de octubre de 2010
martes, 21 de septiembre de 2010
Presente
A menudo, me frecuenta un tiempo que no existe. Me seduce con sus cantos de sirena, para que vuelva.
Intento distraerme de sus añoranzas pensando en otro, remando en un barco a la deriva sin oleaje aún.
En mitad de esa cuerda atemporal, de esa marea de segundos, entre pasado y futuro, dejo a un lado mis remos, mis apuntes, para nadar en esa parte del tiempo que es mia.
Y, sin velas, sin mapas, reposar el alma en el atardecer de un mar en calma.
Intento distraerme de sus añoranzas pensando en otro, remando en un barco a la deriva sin oleaje aún.
En mitad de esa cuerda atemporal, de esa marea de segundos, entre pasado y futuro, dejo a un lado mis remos, mis apuntes, para nadar en esa parte del tiempo que es mia.
Y, sin velas, sin mapas, reposar el alma en el atardecer de un mar en calma.
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