Mundo en un grano de arena
jueves, 23 de mayo de 2013
Eterno retorno
domingo, 28 de abril de 2013
Leer entre arrugas
domingo, 7 de abril de 2013
Revelaciones editoriales
viernes, 8 de marzo de 2013
Mano por boca
lunes, 18 de febrero de 2013
Bosque genealógico
Cuando el médico oyó aquella tos como de crujido que entonaba la garganta del abuelo cuando el viento se introducía por los angostos senderos de sus pulmones, nos convocó en la salita y, arrugando su pañuelo, confirmó que le quedaban pocos meses de vida. Desde su lecho de muerte nos hizo participes de su última voluntad: vernos a todos como una piña en la labor que anidaba sus deseos para hacer juntos nuestro árbol genealógico.
Nunca fuimos una familia bien avenida y, pese al esfuerzo por contentar al abuelo, no conseguimos ponernos de acuerdo sobre en qué tipo de árbol descansarían los nombres de nuestros antepasados. Lo resolvimos con división, como hacíamos siempre tras las disputas.
Mi padre que era un tipo de porte bajo, achaparrado y muy generoso, no dudó en trepar hasta las ramas de una higuera. Formaba con mi nerviosa madre una pareja algo cómica, pues ella era alta y esbelta, muy sensible a las corrientes de aire que arropaban sus dientes en una rítmica tiritona, por lo que, no sin cierto titubeo, determinó que ella sería un álamo temblón. Mi tía, la soltera, era una mujer exuberante, según recuerdo, pues sólo aparecía de vez en cuando por la casa, amante de las fiestas, en las cuales, como supe después, se dedicaba a ofrecer sus frutos prohibidos a todo Adán nocturno. Quiso, pues, ser un manzano. Su hermana melliza era una mujer que creció bajo el peso de la pena, de largos cabellos que le merodeaban los pies y eclipsaban su furtiva mirada, y delegó su estirpe a un sauce llorón. Mi hermana pequeña era un ser despreocupado, y tal vez por eso tardó varias semanas en confinarse en un incipiente tilo.
Cuando estuvo todo listo llegamos a la alcoba del abuelo, con las ramas tan unidas que parecíamos un solo árbol. Él, desde su mirada de olmo viejo, sonrió al tiempo que, de sus manos, caía la primera hoja de su testamento. Luego llegó el otoño.
martes, 6 de noviembre de 2012
Pérdidas
viernes, 26 de octubre de 2012
El cofre de hueso
martes, 19 de junio de 2012
Egisum Egolatrham
miércoles, 2 de mayo de 2012
Restauración
sábado, 7 de abril de 2012
El Pez-Ojo
viernes, 30 de marzo de 2012
Diario de un visionario
* Microrrelato finalista en el IV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados del mes de febrero. Las palabras que debía contener eran Vértigo, Brújula, Vástago, Carámbano, Jurídico.
lunes, 26 de marzo de 2012
Tiempo entre líneas

* Este microrrelato fue finalista en el concurso Dónde lees tú correspondiente a la fotografía publicada; se pueden leer los ganadores de cada semana y los finalistas siguiendo este enlace.
lunes, 19 de marzo de 2012
Ganadora IV Concurso de Microjustas Literarias

Estos son los microrrelatos que me llevaron hasta la victoria en el IV Concurso de Microjustas:
El deshoje de Sade
El pajarero de Alcatraz
Imaginería mortuoria
Rompiendo mitos
Cambió letras por tetas
Niñas rusas
Mercader de globos
A fuerza de gravedad
Eterno retorno
Eterno retorno
Hordas de ángeles caídos persiguen la leyenda de los jueces del inframundo. Buscan tres nuevos Carontes, que, por cincuenta palabras, te llevan hasta la orilla de la página en blanco. Allí, te abandonan a una eternidad de esperas, hasta que pierdes el juicio deseoso por volver a empezar.
A fuerza de gravedad
Mercader de globos
Aferrado al hilo del que penden mis sueños voladores, comienzo un ascenso pausado. Al poco, la plaza y el pueblo, siendo ya una sola imagen, acaban resumidos en un punto. Luego el mundo se reúne en una arruga y, a un tiempo, se desinfla ante mis ojos.
sábado, 17 de marzo de 2012
Niñas rusas
Mientras la muerte cuenta hasta diez, ellas corren a esconderse. Luego sigue el rastro de sus risas y les muestra la muñeca. No saben que al tocarla, su alma quedará apresada dentro del pequeño féretro. Rígidas en un souvenir, recuerdo de su patria helada.

