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sábado, 11 de diciembre de 2010

El nacimiento de un científico

Limpio mis lentes con el pañuelo de seda que me regaló Tomasa, mientras el estruendo de los aplausos golpea mis oídos. Me entretengo recogiendo los papeles que me sirvieron de bastón en mi última conferencia pero el público se ha quedado detenido en el tiempo y repiten, incansables, el mismo sonido. Algunos se han puesto en pie, y sonríen acérrimos mis últimas palabras. Repiten mi nombre, mientras tratan de llegar hasta el altillo donde me encuentro. Los veo mover la boca de la que salen, creo, palabras de alabanza. Desde luego, no cualquier día a uno le descubren la fórmula de la eterna juventud.

Mi joven ayudante me abre la botella del preparado. Parece otro, mi viejo compañero de laboratorio. Ayer él se bebió la mitad de la botella, hoy me toca a mí. Trato de mirarle para reconocer a mi antiguo amigo en algún gesto, en alguna mueca. Sin embargo, lo único que reconozco es ese tic que comenzó hace cuarenta años y lo apartó de su carrera como atleta, ese mismo tic, que le trajo hasta la Escuela de Ciencias Atemporales, ese mismo tic que amenaza con verter el preciado contenido por mi chaqueta de tweed. Me ofrece el botellín y una sonrisa, y mi temblorosa y arrugada mano la ase con decisión; los dos sabemos que cuando acabe de beberme esta pócima, no se levantará un anciano, si no un joven estudiante.

A cada gota de brebaje que entra en mi boca, recorro a la inversa mi vida. Para mi sorpresa, sobrepaso los mililitros que coinciden temporalmente con mi ingreso en la universidad, y me veo, tragos después, en un día de reyes. Mis hermanos aplauden al abrir sus regalos. En mi quinto cumpleaños. Aplausos tras apagar las cinco velas de un solo soplo. Ahora me hago caca y sólo puedo llorar. Mamá junta y separa las manos produciendo un fuerte sonido. Luego me cambia el pañal con ternura. Me quita la botella, que ahora es un biberón, e intenta probarlo. Estoy perdido. Muevo las manos, apretados puños rosáceos, enérgicamente para alcanzar el biberón, y logro arrebatárselo. Me bebo de una vez, lo poco que queda.

Tirito, tengo frío, y una sensación de quemazón dentro de mis pulmones me obliga a emitir un grito. Sigo oyendo los aplausos, y también voces. Todos se asoman al arrullo donde mamá me resguarda del mundo.

El público, enarbolado, vitorea mi nombre, y aplauden mientras la matrona dice: ¡ha sido un niño!.

11 comentarios:

  1. yo me quedaría donde estoy... al menos de momento (siguiendo vuestro diálogo).

    Otra vez me has fascinado con tu relato. La idea es genial, sencilla y cargada de posibilidades. Y tu manera de contar... en fin, la adoro. ¿Te he dicho ya que te odio?

    Esta historia se me debería haber ocurrido a mí. Has sentido eso alguna vez?

    Aprovecho para comentarte que es una delicia abrir tu blog y ver que la entrada nueva NO es un micro. Lo bueno, si extenso... pues de lujo.

    Mi querida Ángeles, ahí le va otro sombrero para su colección.

    Gracias.

    Besos jóvenes...

    Pd: ¿no hay aquí algo extraño?: "...mi temblorosa y arrugada mano la asen con decisión..."

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  2. jajaja se pasó de elixir! Un relato de ¿dopaje escandaloso? Creo que el ser humano siempre s4e ha querido dopar y de hecho lo hace drogándose a menudo con las drogas que la sociedad pone a nuestra disposición.
    Excelente relato.
    UN abrazo.

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  3. Ya sabes que me gusta como te desenvuelves en distancias largas, aquí vuelves a demostrarlo

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  4. Maravillosa escritura.
    Me gustó mucho, Ángeles.

    Estaba leyendo noticias y se me ocurrió que eso valdría oro en las cárceles, haha.


    Un saludo :)

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  5. Pues mi dosis que se la tome quien quiera. Trabajo me costó llegar hasta aquí, no quiero dar marcha atrás.

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  6. Es maravilloso Ángeles, es como ir visualizándolo todo a camara lenta y marcha atrás, con todo lujo de detalles.

    Felicidades.

    Abrazos enormes.

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  7. A partir de algo tan llevado y traído como es el tema del elíxir de la eterna juventud, escribes un relato personal y muy vívido en imágenes hasta llegar a ese nacimiento que cierra con aplausos un buen texto. Me gustó mucho.

    Besos dobles.

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  8. Viaje en el tiempo hacia atrás con banda sonora de aplausos. Me intriga lo que habrás querido simbolizar con esos continuos y atormentantes aplausos.
    Muy buen relato, Ángeles.

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  9. Era un verdadero científico, experimentó con el elixir :-). Me ha encantado tu manera de contarlo.
    Saludillos

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  10. Angeles,
    Preciosos relato, y merecido premio.
    Yo también quiero el elixir, pero no para volver a vivir sino para poder escribir textos como este. Me ha gustado ese brevage que es como una máquina del tiempo, y esos aplausos que se nos han quedado grabados.
    Enhorabuena.

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